Un hueco en la vía principal genera quejas todos los días. Llaman a la alcaldía, lo publican en el grupo del barrio, paran al funcionario en plena calle para reclamarle. La desnutrición de un niño en una vereda no genera ninguna. Nadie protesta por ella. No aparece en ningún grupo de WhatsApp. Existe en silencio, hasta que un día se convierte en una cifra que casi nadie estaba mirando.

Entonces se arregla el hueco. Casi siempre se arregla el hueco.

No porque importe más. Porque grita más fuerte.

Trabajé por dentro de la administración pública, fui Secretario de Obras Públicas en Chiriguaná, y esa tensión la viví de cerca más veces de las que quisiera. Uno llega con la lista completa de lo que el municipio necesita. Cuarenta problemas reales y presupuesto para diez. Y en esa mesa, sin datos que midan el daño verdadero de cada uno, siempre termina ganando el que hace más ruido. No por mala fe. Por pura gravedad: lo urgente empuja, lo importante espera.

Y de ese problema quiero hablar.

Lo que no se mide, se decide a ciegas

Según el Índice de Ciudades Modernas del DNP, en 2025 apenas 41 municipios de 1.101 alcanzaron un desempeño alto. El 3,6%. El otro 96,4% se quedó en la mitad de la tabla o más abajo.

Municipios con desempeño alto · ICM 2025
41
Desempeño alto
El 3,6% del total
1.060
En la mitad o más abajo
El 96,4% del total
Fuente: DNP · Índice de Ciudades Modernas, 2025

Es fácil leer ese número y pensar que es un problema de plata. No lo es, o no principalmente. El problema es más incómodo: la mayoría de las administraciones no puede responder, con un dato en la mano, cuál es el problema que más le está costando a su gente. No el que más se menciona en consejo de gobierno. El que más duele todos los días, aunque no haga ruido.

Quiero ser claro con algo, porque me parece injusto el discurso fácil que lo ignora. Esto no significa que los alcaldes no conozcan su territorio. La mayoría lo conoce, y bien. Han recorrido veredas, escuchado comunidades, acumulado años de lectura política de su región. Ese conocimiento vale, y mucho.

Pero una cosa es saber que "hay mucho desempleo" y otra saber exactamente cuánto, en qué edades, en qué corregimientos, y qué intervención movería de verdad la aguja. Lo primero es intuición. Lo segundo es criterio con evidencia. Y gobernar con lo primero cuando existe lo segundo es como manejar de noche con las luces apagadas: se puede, pero se choca más.

El sistema está pidiendo la métrica equivocada

Aquí está, para mí, el corazón del asunto. Y no es culpa de ningún alcalde.

Los indicadores con que evaluamos a un municipio miden cuánto se ejecutó, no cuánto cambió la vida de la gente. Una alcaldía puede cerrar el año con el 95% del presupuesto ejecutado, recibir una buena calificación, y al mismo tiempo tener comunidades que no sienten ninguna diferencia. No es un juicio moral. Es un problema de diseño.

El Estado exige que los recursos salgan. No que lleguen con el impacto esperado.

Y cuando la regla premia la ejecución, es apenas lógico que los recursos se vayan a lo más visible y no a lo más transformador. No es que existan inversiones malas. Es que unas mueven los indicadores de vida mucho más que otras, y sin datos, esa diferencia es completamente invisible. La obra se inaugura con honores. Dos años después nadie la recuerda. No porque fuera mala, sino porque respondía a una necesidad que se veía, no a una que se había medido.

Por eso el cambio de fondo tiene que empezar arriba. Mientras el nivel central siga evaluando cumplimiento en vez de transformación, cada alcaldía va a seguir reportando que cumplió sin poder demostrar que cambió algo. No porque no quiera. Porque el sistema le está pidiendo la métrica equivocada.

La inversión ocurrió. La transformación, no necesariamente. Y esa distinción debería quitarnos el sueño.

La buena noticia: las herramientas ya existen, y son gratis

Y esta es la parte que pocos tienen presente: casi todo lo que un municipio necesita para empezar a medir mejor ya está construido, disponible y sin costo.

El propio DNP tiene una plataforma llamada TerriData: más de 640 indicadores de los 1.101 municipios del país, en salud, educación, finanzas, economía local, todo comparable y descargable. Está en internet y hasta como aplicación de celular. A eso se suma el portal de datos abiertos del Estado. La materia prima está ahí, gratis, esperando que alguien la use para decidir.

TerriData — DNP Gratis

Datos comparables y descargables de todos los municipios: salud, educación, finanzas y economía local. En web y como app de celular.

640+indicadores
1.101municipios
$0costo de acceso

Entonces, ¿por qué no se usa más? Porque falta el puente.

Aplicar tecnología en lo público no es instalar un software. Es entender cómo funciona una alcaldía por dentro, conocer el territorio, saber qué preguntarle al dato y qué hacer con la respuesta. Eso exige un perfil raro: alguien que hable los dos idiomas, el de la administración pública y el de los datos. Que haya pisado el barro y también sepa leer una tabla. Ese perfil, hoy, casi no existe en los municipios. Y es justo el que más falta hace.

No es la tecnología sola. No es la experiencia sola. Es la mezcla, en manos de quien sabe usarla, lo que de verdad mueve un territorio.

Por dónde empezar el lunes, sin esperar a que nadie reforme nada

Lo anterior suena a que hay que esperar una gran reforma nacional. No es así. Mientras esa reforma llega, cualquier administración puede empezar mañana, sin un peso adicional y sin permiso de nadie.

El primer paso no es un tablero de control ni un contrato con una consultora. Es una pregunta. Que cada secretaría escoja un solo indicador que de verdad importe —desnutrición infantil, deserción escolar, empleo joven, lo que sea que le pese a esa comunidad— lo consulte hoy mismo en TerriData, anote el número, y se comprometa a mirarlo cada tres meses para responder una cosa: ¿se movió o no se movió?

1
Un indicador
El que de verdad le pesa a esa comunidad.
2
Una pregunta
¿Se movió o no se movió?
3
Cada trimestre
Mirarlo cada tres meses, sin falta.

Un indicador. Una pregunta. Cada trimestre. Eso solo ya cambia la conversación en una alcaldía, porque obliga a hablar de resultados y no de ejecución.

Y al nivel central le haría una sola petición, con todo respeto: que a la evaluación de cuánto se ejecutó le sumemos un puñado pequeño de indicadores de vida. No cien. Cinco o seis que importen de verdad. Lo suficiente para que un alcalde que cambió la realidad de su gente pueda demostrarlo, y no quede igual que uno que solo gastó a tiempo.

Que administrar bien vuelva a ser una aspiración

Termino con lo que, en el fondo, me mueve a escribir esto.

Hace falta volver a creer. Muchas comunidades dejaron de esperar resultados de sus gobiernos; vieron pasar tantas promesas sin impacto que la desconfianza se les volvió costumbre. Y eso no se revierte con más discursos. Se revierte mostrando que sí se puede, y reconociendo a los que lo están logrando.

Piénselo como en el deporte. Nadie recuerda al equipo con más presupuesto. Se recuerda al que jugó mejor con lo que tenía. El año pasado, de 1.101 municipios, solo 41 llegaron a lo más alto. Vale la pena preguntarse qué hicieron distinto. Y vale mucho más la pena reconocerlo, sobre todo cuando lo lograron con las manos atadas y el bolsillo flaco.

Ese es el país que me gustaría ayudar a construir: uno donde un alcalde quiera ser recordado por sus indicadores y no por sus inauguraciones. Donde gestionar con datos deje de ser la excepción rara y se vuelva la aspiración normal, algo que la gente buena quiera hacer, aunque el presupuesto no siempre brille.

Así que le dejo la misma pregunta que me hago yo, y que creo que deberíamos poder hacernos todos sin miedo, desde el alcalde hasta el ciudadano que vota:

La pregunta que importa

¿Su municipio sabe hoy cuál es el problema que más vidas le está costando? Si no puede responderlo con un dato, ya sabe por dónde empezar.

Rony Jafeth Villegas
Rony Jafeth Villegas
Especialista en Gerencia de Proyectos · Ingeniero Civil

Fue Secretario de Obras Públicas de Chiriguaná (Cesar) y ha trabajado en entidades del orden municipal, departamental y regional. Escribe sobre innovación pública, tecnología aplicada al Estado y desarrollo territorial, desde la práctica y no desde la teoría.